Desarrollo Sostenible: Un cambio de paradigma

Aún cuando invierten millones de dólares en “programas de desarrollo,” la mayoría de los países en “vías de desarrollo” todavía forcejean con temas básicos de desarrollo, obstaculizando su progreso hacia una situación de crecimiento y desarrollo sostenible.

Las causas que usualmente se citan para explicar esta situación van desde la corrupción generalizada hasta la falta de metas nacionales a largo plazo. La verdad es que el escenario para cada país en esta situación es, realmente, una combinación de varios factores –entre éstos los citados arriba- en diferentes proporciones para cada caso.

En la escena mundial de hoy, el crecimiento de un país está inextricablemente ligado a su competitividad, la cual, a su vez, está indisolublemente ligada a su capacidad productiva, un resultado directo de su capacidad de innovación tecnológica, una condición, por su lado, basada en su capacidad tecnológica ligada a los sectores productivos (lo que podríamos llamar su “experiencia en manufactura industrial” – sistema nacional que promueve y nutre la articulación de procesos a gran escala que conducen la transformación de productos que poseen, cada vez, mayor valor agregado.)

La experiencia en manufactura industrial es una capacidad envolvente y a todos los niveles de utilización sistemática de los “recursos basados en el conocimiento” (aquellas destrezas tecnológicas y de gestión que producen y distribuyen un producto a un precio igual o superior a los que prevalecen en el mercado -o por debajo de los costos del mercado-) para abordar situaciones, resolver problemas y que continua y efectivamente busque, identifique y aproveche oportunidades de crecimiento. En este sentido, “experiencia en manufactura industrial” no sólo comprende los sectores productivos tradicionales (las fábricas de productos de consumo,) sino también el aparato de gobierno, cuyo producto son los bienes y servicios que, de acuerdo a su mandato, deben entregar a la sociedad a la que debe servir.

La desafortunada realidad de muchos países en vías de desarrollo es que sus “programas de desarrollo” pretenden lograr “desarrollo sostenible” mediante la ejecución de proyectos puntuales de “desarrollo social.” La concepción prevaleciente ha sido que “si se acumulan un número suficiente de proyectos de desarrollo social exitosos –se logra una masa crítica de éstos- entonces se logrará alcanzar el nivel de desarrollo sostenible.” Por ejemplo, se invierte en la construcción de escuelas, como fin en sí mismo, pero no se invierte en programas paralelos que busquen como objetivo crecimiento económico, y que estén orientados hacia la industrialización del país.

Es claro que necesitamos atender la educación; ciertamente serán requeridas más escuelas, pero, ¿en qué contexto? ¿Dónde está el sistema de respaldo, es decir, el cuerpo de profesores y diseñadores de curricula idóneos y bien remunerados, el sistema productivo que absorba a los egresados del sistema educativo? La falta de visión a mediano y largo plazo con relación a los proyectos de “desarrollo social” hace que la inversión se atomice, y resulte ser, al cabo de pocos años, simplemente un financiamiento de un conjunto incoherente de acciones. Esta es la triste realidad de muchos países en vías de desarrollo.

El programa de desarrollo detrás del fenomenal crecimiento económico de Taiwán y del extraordinario desarrollo social alcanzado en menos de 5 lustros es un buen ejemplo para ilustrar el punto central de esta discusión. El programa de desarrollo de Taiwán, que incluye una delicada articulación de medidas de orden macroeconómico, participación del Estado en actividades de planificación directamente vinculada a mercados -al igual que de su participación directa en la propia producción de bienes- y acciones específicas en ventanas de oportunidad muy estrechas, ha contado con un componente “estratégico” descrito por S.C. Hsieh y Lee Teng-hui (ex presidente de Taiwán) y relatado por Lin Ching-yuan de esta forma: “ El secreto principal del desarrollo de Taiwán no es su habilidad de lograr los requisitos tecnológicos requeridos por instrumentos capaces de incrementar la productividad, pero su habilidad en lograr los requisitos organizacionales de nuevas combinaciones y mecanización de capacidades mutuamente útiles necesarias para alcanzar los instrumentos de progreso.”

La clave de Taiwán se traduce en tener la capacidad, como nación, de “gerenciar proyectos” (project management capability.) Esta capacidad gerencial empieza con el adecuado manejo del lenguaje (entendimiento de sistemas y procesos, al igual que la transmisión de información – incluyendo la lectura y redacción de documentos simples-) y la capacidad de concebir, desarrollar y ejecutar proyectos que articulen diversos procesos bajo la directriz de programas a mediano y largo plazos. La inadecuada capacidad de gerenciar proyectos está a la base de la inhabilidad de muchos países en vías de desarrollo en alcanzar el estadio de crecimiento económico suficiente para inducir desarrollo sostenible.

En conclusión, para alcanzar el elusivo “desarrollo sostenible,” países en vías de desarrollo deberán reforzar su capacidad nacional de gerenciar programas que reconozcan desarrollo sostenible como meta, crecimiento económico como objetivo e industrialización como método. Esto requiere de un cambio de paradigma. Estos países deberán cambiar la persistentemente atractiva, pero elusiva, visión de desarrollo sostenible por el difícil, pero pragmático, camino hacia la industrialización.

Roberto Bruno, Ph.D.

Roberto Bruno obtuvo un Ph.D. en Física de la Universidad de Texas en Austin. El inició estos estudios como Fulbright Scholar. Durante el periodo académico 2004-05 condujo investigaciones en los temas de innovación, desarrollo internacional y crecimiento económico como Humphrey Fellow en el Massachussets Institute of Technology. En el MIT también realizó estudios en la ejecución de programas complejos, concentrándose mayormente en el proyecto Apollo. En el mes de mayo-junio de 2007 viajó a Taiwán como Democratic Pacific Union Fellow para estudiar el desarrollo de la industria y el fenomenal crecimiento económico de ese país.

Roberto Bruno tiene una amplia experiencia como profesor universitario en las áreas de matemáticas y física en Estados Unidos y Panamá y como consultor de proyectos de desarrollo internacional, competitividad, ciencia y tecnología, educación y crecimiento económico en varios países de Latinoamérica.

El señala que la vida es nuestra oportunidad de recoger experiencias y hacer historias en base a ellas.

Su interés fundamental es aprender tanto como sea posible de lo que nos ofrece la vida. Su carrera académica lo ha llevado a considerar las preguntas más significativas en física.

Algunos de los temas que él disfruta compartir incluyen los de Fundamentos de la Física, Modelos (Matemáticos) de los Fenómenos Naturales y la Evolución del Pensamiento Científico. El también es un lector y expositor ávido de la Historia Colonial Española en el Nuevo Mundo y de Estudios Mesoamericanos.